jueves, 21 de agosto de 2014

Patrones, Algoritmos y el ocaso de Hollywood

En Ingeniería de Sistemas la palabra "algoritmo" es parte del pan de cada día.

En términos muy simples, un algoritmo es una secuencia de acciones que se realizan para conseguir un objetivo. Cuando nos centramos en Ingeniería de Sistemas, los algoritmos normalmente son ejecutados por computadores para resolver un problema, desde calcular los sueldos de empleados en una empresa hasta dibujar los personajes de un videojuego.

Otra palabra muy común en nuestra disciplina es "patrón".

Un patrón es algo que se repite de manera similar en muchas situaciones. En Ingeniería de Sistemas, un patrón es un grupo de problemas similares, los cuales pueden resolverse de una misma forma, normalmente a través de un algoritmo. Como buen ingeniero, uno está permanentemente identificando patrones en todos lados y buscando algoritmos que permitan resolverlos.

Inevitablemente uno termina encontrando patrones en lugares inesperados. Uno muy peculiar es el caso de las películas Hollywoodenses.

¿Se han dado cuenta que los trailers de películas, particularmente las de acción, siguen más o menos la misma estructura?

0. Logos de las compañías que crearon la película
1. Secuencias cortas, a menudo con sonido de timbales de fondo, intercaladas con diálogos que introducen la historia de la película con un tono de intriga.
2. (Opcional) Escena sin música de fondo, donde los protagonistas realizan un diálogo que describe el tema de la película
3. Música que empieza a subir de tono progresivamente, mostrando la pelea entre protagonistas y antagonistas
4. Boom!... Silencio...
5. Secuencia sin música con frases cortas de los protagonistas
6 Repita pasos 3-5 si se quiere hacer más "intrigante" el trailer
7. Logo de la película con música rimbombante, indicando la fecha del estreno

Después de ver tantos trailers similares, uno empieza a aburrirse. Al menos se espera que la película sea novedosa e inesperada.

Sin embargo... desilusión...

Las películas también siguen patrones similares. Más aún, estos patrones son ampliamente conocidos y difundidos.

La "biblia" de los guionistas es el libro Save the Cat!. Este libro describe, paso a paso, las escenas que deben realizarse, cuánto deben durar y qué cosas deben narrar. Más aún, los mismos autores del libro venden un software que permite organizar el guión basado en el "algoritmo" propuesto por el libro.

Si uno quisiera escribir un guión taquillero, bastaría con seguir los siguientes pasos:
1. Leer el libro
2. Comprar el software
3. Estructurar el guión siguiendo el "algoritmo" de Save the Cat!
4. Escribir en detalle los diálogos y situaciones que ocurren en cada escena
5. Ganar dinero!

Ciertamente, el paso 4 sigue siendo el más complicado y es la razón por la cual no cualquier persona o computador puede ser guionista o escritor.

Sin embargo, hay dos variables que pueden cambiar esa situación: (a) la velocidad de "estupidización" del espectador promedio y (b) la capacidad creciente de los computadores para automatizar tareas complejas a través de algoritmos.

Respecto a la variable (a), es razonable pensar que, con una educación que reduce progresivamente la capacidad de pensamiento crítico, las masas terminen tarde o temprano aceptando cualquier película que se les ponga por delante. Sólo basta que tenga muchas explosiones, efectos especiales y sexo.

Respecto a la variable (b), estamos viendo progresos incipientes en la capacidad narrativa de los computadores. Un caso emblemático es la aplicación SCIgen, la cual fue capaz de engañar a un comité de programa de una conferencia, para publicar un artículo generado de manera aleatoria.

Si bien, SCIgen crea artículos "científicos" en lugar de narraciones Hollywoodenses, esta situación de todas formas es relevante para nuestro tema de discusión.

El hecho de que dicho comité haya sido lo suficientemente "descuidado" para aceptar un artículo de ese estilo, reafirma el hecho que, para crear un "buen" guión Hollywoodense, sólo basta con que las variables (a) y (b) converjan. En otras palabras, no es necesario que los algoritmos para crear historias mejoren mucho si la velocidad de estupidización del espectador promedio es lo suficientemente alta.

Bajo esos supuestos, sería razonable pensar que en un futuro no muy lejano sean computadores los que escriban los guiones de las películas, sin importar que dichos guiones sean una porquería.

Sin embargo, hay una tercera variable en juego.

Si tenemos un programa de computador que escribe la historia y describe proceduralmente todas las escenas y los diálogos, sería razonable utilizar ese guión como entrada para otro programa. Uno que dibuje las escenas usando gráficos 3d y sintetice sonidos ambientales y las voces de los actores.

Los gráficos 3D son lo suficientemente realistas como para engañar a la mayoría de las personas. La síntesis de sonidos y voces aún está en pañales, pero podría mejorar si se invierte suficiente esfuerzo investigativo.

En consecuencia, es razonable pensar que dentro de unas décadas las películas puedan ser completamente generadas por computador. Puede llegar un momento en que un programa, a un precio razonable, pueda crear historias divertidas y narrarlas con imágenes y sonido.

La historia Someday de Asimov podría hacerse realidad.

Cuando tal programa aparezca, ¿Qué será de Hollywood sin las hordas de espectadores que preferirán quedarse en su casa viendo una historia igualmente entretenida, generada por un computador?

Se vienen tiempos difíciles para la industria del cine.

domingo, 13 de julio de 2014

Trascendencia, Máquinas Pensantes, Nativos Cyborgs y Contiunidad del Yo. Todo necesita un soporte físico.

Hace poco vi la película Trascendence y terminé de leer una novela, llamada Diaspora. En Trascendence, un científico al borde de la muerte copia su mente a un computador, a través de una interfaz neuronal. Sin estar limitada a las restricciones del cerebro humano, la mente del científico aumenta en complejidad varios órdenes de magnitud. En forma similar, Diaspora cuenta la historia entidades pensantes que alguna vez fueron humanas y que fueron transferidas desde cerebros orgánicos a un gran computador.

Ambas historias tratan de un tema en común: hacer que la consciencia humana trascienda las barreras naturales tradicionales y se expanda a niveles más complejos, en un claro intento de evadir la inexorabilidad de la muerte.

Para discutir sobre este tema, definiremos algunos conceptos.

Primero, tomaremos prestado el nombre de la película y llamaremos "Trascendencia" a la idea de perdurar la mente más allá de las limitaciones físicas del cerebro humano.

Segundo, sin entrar en discusiones filosóficas extensas, llamaremos "Mente", "Consciencia" o el "Yo", al conjunto de información y procesos de pensamiento que nos hace darnos cuenta que existimos como seres humanos. En otras palabras, la idea de Descartes de "Pienso, luego existo" como base de la consciencia humana.

Tercero, para no complicarnos con conceptos no medibles, nos centraremos únicamente en la idea de la Consciencia como una propiedad emergente de una estructura física compleja, como por ejemplo el Cerebro humano. En otras palabras, supondremos que la Consciencia es el Software y el Cerebro es el Hardware. Si el soporte físico de la Consciencia, el Hardware, se destruye, la Consciencia, el Software, no perdura.

¿Qué tiene de especial la Trascendencia? El hecho que todos queremos conseguirla en mayor o menor grado: desde aquellos que se hacen famosos para perdurar algo de sí en las mentes de otras personas, hasta quienes crían hijos con un claro intento de traspasar algo de sus valores a su descendencia. Tampoco hay que olvidar el sinnúmero de religiones que predican la idea que el Alma sobrevive de manera eterna luego de la muerte de cada individuo. El hecho que mucha gente equipare el concepto de Alma con el de Consciencia, demuestra un deseo claro de lograr Trascendencia.

Sin embargo, las alternativas anteriores no son suficientes para lograr Trascendencia de la forma que habíamos definido. Las dos primeras son poco efectivas, ya que simplemente perduran fragmentos del Yo en medios físicos dispersos. La tercera alternativa está fuera del alcance de esta discusión, ya que hace referencia a la Trascendencia en un mundo que no es el físico.

La película y la novela que menciono más arriba proponen una alternativa bastante más efectiva, la cual podría hacerse realidad dentro de algunas décadas: el transferir la Mente desde un soporte físico perecedero (el cerebro) a uno más duradero (un computador). Es muy probable que en un par de generaciones tengamos la tecnología para conectar el cerebro directamente a un computador (vean mi post sobre los Nativos Cyborgs). También podríamos tener la capacidad de reproducir procesos de pensamiento humano complejos en un computador (ver mi post sobre Máquinas Pensantes). Cuando tengamos ambas tecnologías, transferir la Consciencia a un computador podría ser algo relativamente sencillo.

El vivir (casi) eternamente como un software inteligente dentro de un computador superavanzado es una idea tentadora. Sin embargo, hay que tener en cuenta un detalle muy importante: para lograr una Trascendencia efectiva hay que asegurar la Continuidad del Yo.

La Continuidad del Yo se basa en la idea de la Consciencia como una propiedad emergente del Cerebro. Si el Cerebro se destruye, la Consciencia también es destruida, así como también la Continuidad del Yo.

En otros casos, como cuando el Cerebro deja de funcionar correctamente, la Continuidad del Yo puede mantenerse. Por ejemplo, cuando, debido a un trauma o a algún efecto narcótico, la persona se desmaya temporalmente. La Consciencia no pierde continuidad (aunque tendría una laguna en sus recuerdos), ya que el medio físico no sufre daños permanentes.

La Continuidad del Yo también depende de que los cambios en el tiempo a la Consciencia y su soporte físico, sean pequeños y graduales. Por ejemplo, si una persona sufre un accidente que le hace perder parte importante de sus recuerdos, también pierde la Continuidad del Yo, ya que ha sufrido cambios importantes a su Consciencia y al soporte físico de ésta.

Si lo llevamos al plano tecnológico, la Continuidad del Yo depende de dos cosas: (1) que el computador donde transferiremos la Consciencia permita emular lo más fielmente posible los procesos realizados por el Cerebro y (2) Que los cambios al medio físico que soporta nuestra Consciencia sean muy graduales. 

El elemento (1) es muy probable que se haga realidad en un momento cercano al de una potencial Singularidad Tecnológica. Sin embargo, el elemento (2) es uno que, probablemente, mucha gente pase por alto cuando sea el momento de transferir la Mente a un computador.

Piensen, por ejemplo, lo que sucede en la película Trascendence. El protagonista, Will Caster, justo antes de morir, copia su Consciencia a un computador. Su cuerpo biológico muere, pero una copia de su Mente es instalada en un computador que, desde ese momento, a ojos de sus amigos y familia, es Will Caster.

Claramente la Continuidad del Yo se rompe en ese caso, ya que el medio físico que soportaba la Consciencia del Will Caster original es destruido. El Will Caster de carne y hueso muere y un clon digital toma su lugar.

¿Cómo evitar esta situación? Asegurando la continuidad del medio físico que soporta la Consciencia. Allí es donde la idea de los Cyborgs cobra mucha relevancia. La Trascendencia de la Mente a un computador no debería hacerse copiando los datos del cerebro a un formato digital, sino integrando gradualmente el cerebro a un computador. De esta forma, el medio físico no sufriría cambios radicales que rompan la Continuidad del Yo.

¿Cómo hacerlo en la práctica? Yo sugeriría los siguientes pasos:

1. Implantar en el cerebro un computador que sirva, inicialmente, como memoria auxiliar. De esta forma, todos nuestros recuerdos podrán ser gradualmente almacenados y recuperados desde dicho medio digital.
2. Configurar el computador para que también pueda ejecutar algunos de nuestros procesos de pensamiento. De esta forma, a medida que nuestro cerebro biológico se vaya deteriorando, el computador asumiría cada vez más funciones de pensamiento complejo.
3. Descartar el cerebro biológico. Una vez que el cerebro biológico haya muerto, la idea es que la totalidad de nuestros recuerdos y procesos de pensamiento dependan del computador.

En aquel momento habremos logrado una Trascendencia efectiva, sin romper la Continuidad del Yo.

¿Qué viene después de lograr la Trascendencia? Eso será tema de un futuro post.

martes, 9 de abril de 2013

De Nativos Digitales a Nativos Cyborgs, esto se pone cada vez más complicado

Mucho se habla actualmente de los Nativos Digitales, personas que nacieron en los últimos años, para quienes los dispositivos digitales son algo cotidiano y, a menudo, imprescindibles. Para ellos, el usar un computador o un dispositivo móvil es tan natural como a los de nuestra generación lo fue la televisión.

Tal como ha pasado en las últimas generaciones, los nativos digitales han tenido un choque cultural con sus antecesores. Así como nuestros padres no entendían por qué pasábamos tanto tiempo mirando televisión, a nuestra generación nos cuesta adaptarnos al ritmo y forma de comunicación de los nativos digitales. Si no nos adaptamos, corremos el riesgo de quedarnos obsoletos en la nueva sociedad que se está formando.

Sin embargo, parece ser que se avecina una revolución aún más radical que la producida por los actuales nativos digitales. La interfaces de usuario actuales no han evolucionado significativamente desde aquellos primeros balbuceos que vimos en la madre de todas las presentaciones o el sketchpad. La última generación de nativos digitales, si bien interactúan con la tecnología con una velocodad increíble, están restringidos por las capacidades limitadas de estas interfaces de usuario. Esto, en buena medida creo que es la razón por la cual todavía es posible mantener una comunicación cercana con ellos.

La revolución que realmente me preocupa es la que viene en las generaciones siguientes a ésta; aquellas para las cuales lo cotidiano no serán celulares o computadores, sino interfaces neuronales y comunicación instantánea cerebro-computador.

Dado el estado actual de dichas tecnologías, no es descabellado pensar que podamos comprar computadores implantables dentro de unas pocas décadas. Sin entrar en detalles sobre las implicaciones humanas y sociales de dichas tecnologías, el aspecto que más me preocupa son las generaciones que nacerán en medio de ellas.

Imaginemos ese escenario dentro de unas décadas. A un recién nacido se le implanta un computador en el cerebro, el cual queda íntimamente integrado a su desarrollo neuronal y mental. Este niño no solo ha tenido toda su vida un computador en la cabeza, sino que se comunica con éste a la velocidad del pensamiento. Aún si no es una lumbrera en términos de inteligencia, tiene un computador que le apoya en todas las tareas repetitivas y de cálculos intensivos. Desde ya tiene una ventaja enorme respecto a sus pares que no tengan implantado un computador.

A falta de un mejor nombre, llamemos a dicha generación, nativos cyborgs.

El tener un computador implantado en la cabeza no es lo que más me preocupa, per se. El asunto realmente complejo es la comunicación que un nativo cyborg tendría con otras personas con un hardware similar en sus cabezas.

Piensen por un momento en Twitter, probablemente uno de los medios de comunicación más populares entre los adolescentes. Agréguenle la posibilidad de escribir tweets con solo pensarlos y de leerlos con solo recibir ideas en la cabeza. La velocidad que una comunicación por ese medio podría ser órdenes de magnitud más rápida que el Twitter actual, incluso que el lenguaje hablado.

Más aún, consideremos el hecho que esos niños tendrían ese medio de comunicación disponible desde su nacimiento (incluso antes, si se hicieran implantes in-útero). Corremos el riesgo que esa generación, al tener mecanismos de comunicación radicalmente mejores que los actuales (incluyendo conversación presencial), termine alienándose del resto de la sociedad "normal". 

Quizás esta idea podría sonar radical, pero creo que no es descabellada.

La facilidad de comunicación por este medio, al sobrepasar la conversación presencial, podría hacer que los cyborgs digitales la prefieran, de la misma forma que mucha gente prefiere hablar cara a cara en lugar de usar e-mail o videoconferencia.

Adicionalmente, consideremos la jerga que los nativos digitales usan para comunicarse por Internet, las abreviaciones que hacen a las palabras y los símbolos que usan para representar emociones y otras ideas. Para una persona no versada en tecnología puede ser bastante de entender y eso produce un distanciamiento con los nativos digitales.

Piensen ahora en un nativo cyborg, el cual no solo está en capacidad de extender el lenguaje escrito, sino de crear un "lenguaje mental" sin las limitaciones de los idiomas actuales. Un nativo cyborg podría, en lugar de escribir en su computador neuronal la frase "pan con queso derretido", podría directamente pensar en un pan con queso derretido, imaginarse el olor, sabor y textura. El computador enviaría esa información a otra persona, cuyo computador neuronal reproduciría en su mente esas mismas sensaciones; todo en fracciones de segundo.

Pero esto no acaba allí. La creación de un lenguaje radicalmente nuevo no es posible sin cambios radicales en la forma de pensar. Me atrevería a decir que la generación de cyborgs digitales no solo se distanciaría de sus ancestros en términos de las formas de comunicación, sino también en términos de sus estructuras básicas de pensamiento, códigos éticos y morales.

De partida, la privacidad entre cyborgs digitales podría desaparecer del todo. Si una persona se acostumbra desde pequeño a compartir sus pensamientos con otras personas, ¿cómo se puede esperar que el concepto de privacidad se mantenga bajo los cánones actuales?

Otro cambio que podría producir cambios radicales es el acceso a información de todo tipo que el niño tendría desde pequeño. Actualmente nos preocupa la precocidad que muestran muchos nativos digitales --que a edades tempranas ya han visto más que muchos adultos--. Sin embargo, el problema puede acentuarse más en un contexto donde el niño no solo pueda recibir material audiovisual, sino también sensorial y de formas abstractas de pensamiento.

Un nativo cyborg en sus primeros años, no solo entendería conceptos como sexo o guerra, sino también los habría experimentado en su mente como si realmente le hubieran ocurrido. Esto, definitivamente lo distanciaría de sus antepasados.

En fin, podría seguir enumerando todos los muchos cambios que podrían producirse con los nativos digitales. Lo que sí me queda claro es que el conflicto generacional que viene, podría ser, lejos, el más traumático de toda la historia. 

viernes, 15 de marzo de 2013

¿Qué rol tienen las universidades en un mundo donde "la información quiere ser gratis"?

En 1984, el escritor Stewart Brand dijo unas palabras muy famosas: "On the one hand information wants to be expensive, because it's so valuable. The right information in the right place just changes your life. On the other hand, information wants to be free, because the cost of getting it out is getting lower and lower all the time. So you have these two fighting against each other."

Una frase de ese párrafo es particularmente famosa: "Information wants to be free". Esta aseveración, tan evidente en nuestros días, tiene algunas implicaciones muy importantes para las universidades.

Para ahondar en el tema, hay que considerar algo que llamaremos "información de consumo masivo": aquella información, de cualquier naturaleza, que es demandada por grupos relativamente grandes de personas. Ejemplos de este tipo de información son: libros, música, videos (películas, video clips, etc.), noticias (periódicos, televisión, etc.), material educativo, etc.

Históricamente, la información de consumo masivo ha sido algo costoso de obtener y distribuir. Consideremos, por ejemplo, la música. Hasta hace aproximadamente un siglo, la música de calidad era algo relativamente costoso. Si uno quería escuchar buena música, debía contratar a personas especialistas que tocaran en frente de uno.

Con el advenimiento de los medios de grabación (vinilos, cassetes, CDs) y de la economía de escala, el costo de obtener música de calidad se redujo sustancialmente. Resultaba mucho más barato comprar música envasada en lugar de contratar a un ser humano para que hiciera la tarea. La Big Band --nombre coloquial para las distribuidoras de música-- pasó a ser la principal forma de obtener música.

Sin embargo, en los últimos 15 años, los costos de almacenar música y distribuirla bajaron sustantivamente. La música se volvió tan asequible (en formas legales o ilegales) que pasó a ser un bien sobreabundante. Esto hizo que muchas personas comenzaran a percibir su valor monetario como cero o muy cercano a cero.

Para sobrevivir, las distribuidoras de música han tenido que buscar formas más efectivas de vender sus productos, dándoles un valor agregado más allá de la simple información que pueden transmitir por una conexión de Internet. Situaciones similares han vivido las productoras de películas y series, así como las editoriales y las redes de noticias. Todas estas organizaciones han sufrido los problemas de la sobreabundancia de los productos que solían comerciar de manera tradicional.

Esto nos lleva a una de las pocas instituciones que aún no ha sufrido del todo los embates de la sobreabundancia: Las instituciones educativas, particularmente las universidades. Si bien, la sobreabundancia de información, aún no las ha afectado al nivel de otras organizaciones, hay signos de alarma que debemos considerar.

La primera señal la encontramos hace algunos años  cuando los estudiantes comenzaron a plagiar trabajos en Internet. Nos dimos cuenta que los conocimientos "enciclopédicos" habían quedado relegados al mismo estado que las habilidades en aritmética básica: algo que perfectamente se puede hacer con la ayuda de una máquina.

La segunda señal es más grave: Los estudiantes pueden, actualmente, encontrar cursos completos en línea, totalmente gratis. Si bien no todos los estudiantes tienen la autodisciplina para aprender online, con el advenimiento de los nativos digitales, cabría esperar que las nuevas generaciones se entiendan mejor con un computador que con una persona.

En otras palabras, si no hacemos algo, los profesores --y las instituciones que los albergan-- podrían sufrir el mismo destino que la aritmética.

Probablemente esto no sucedería sino hasta dentro de varias décadas. Las universidades aún tienen una fortaleza: son instituciones con una reputación suficientemente buena para actuar como ministros de fe en la evaluación de las capacidades de los estudiantes. Sin embargo, esta reputación puede perder importancia en la medida que mecanismos alternativos para evaluar a los estudiantes sean aceptados más ampliamente.

Por ejemplo, nada impediría un futuro donde el estudiante aprendiera por su cuenta con material de Internet y, para postular a un trabajo, rindiera un examen en una empresa especializada en evaluaciones y certificaciones (no necesariamente una universidad).

En este escenario, ¿Qué rol de importancia podrían tener las universidades?

Uno de los roles que podrían tener es la generación de contenidos que los estudiantes consumirían a través de Internet. Esta opción, si bien puede servir para mejorar la visibilidad de una universidad, es inherentemente insuficiente para asegurar su sobrevivencia. La razón es, obviamente, la sobreabundancia. Los beneficios serían principalmente para las universidades que generen los mejores contenidos o que tengan una audiencia cautiva (comunidades que hablen un idioma poco común o aquellas que sean muy buenas en un nicho).

La real esperanza para las universidades la veo en capitalizar aquella información que, pudiendo ser de consumo masivo, no es posible de distribuir a gran escala. En otras palabras, la información que cumple con el otro criterio de Stewart Brand: "information wants to be expensive".

Hay muchas competencias que se pueden adquirir a través de Internet. Hay otras para las cuales es necesario tener personas especializadas e infraestructura en interacción directa con el estudiante. Por ejemplo, nadie en su sano juicio se dejaría operar por un cirujano que haya aprendido sólo a partir de cursos online. Nadie, tampoco, contrataría a un ingeniero químico que nunca haya realizado experimentos en un laboratorio.

En ese sentido, veo tres fortalezas que las universidades del futuro deben capitalizar.

La primera fortaleza sería enseñar y certificar aquellas competencias que no se pueden adquirir por medios audiovisuales: habilidades prácticas que requieren la interacción con otros seres humanos. Las carreras del área médica podrían hacerlo con bastante facilidad. Otras disciplinas más teóricas, como historia o matemática, podrían tener mayores problemas.

Las ingenierías están a medio camino. Muchos temas se pueden aprender online, pero otros más prácticos, como administración de proyectos, interacción con clientes, operación de maquinaria compleja y otros aspectos técnicos más especializados, requieren de una forma distinta de enseñanza. Carreras de este tipo podrían cambiar radicalmente, ya que el tiempo (semestres) que los estudiantes estudiarían en la universidad sería mucho más reducido que en la actualidad.

La segunda fortaleza son las consultorías en temas especializados. Esta es información que no se puede encontrar online, ya que es producto de la experiencia de los profesores. Es importante resaltar que, en la mayoría de los casos, requeriría un perfeccionamiento práctico permanente de los profesores.

La tercera fortaleza sería servir de motor impulsor de nuevas organizaciones (empresas) que generen nuevos productos y servicios. Al igual que las dos fortalezas anteriores, esto es algo que muchas universidades realizan y les puede ayudar a sobrevivir, si es adecuadamente administrado.

En resumen, hay que estar preparado y ser especialista en toda aquella información que no es fácil de distribuir. Sea como sea, lo más probable es que el salón de clases tradicional esté condenado a desaparecer o, en el mejor de los casos, quedar relegado a discusiones de filosofía.

jueves, 28 de febrero de 2013

La Ingeniería de Sistemas en palabras simples

Cuando uno trabaja en Ingeniería de Sistemas --también llamada Computación o Informática-- a menudo es difícil explicar su trabajo a una persona que no sabe del tema. Muchos se imaginan que nuestra principal tarea es abrir computadores, cambiarle piezas, sacarle virus --cual médico de cabecera-- y otras tareas similares.

Si bien a muchos ingenieros de sistemas nos ha tocado hacer eso más veces de lo que quisiéramos, eso no es el corazón de nuestra disciplina.

Es muy importante que el público general entienda claramente nuestra labor. De esa forma más personas valorarán nuestro trabajo y más personas se sentirán inclinadas a estudiar nuestra disciplina.

Siguiendo el espíritu del sitio Ten Hundred Words of Science, intentaré explicar la Ingeniería de Sistemas en palabras simples. Es probable que al lector purista le parezca un texto excesivamente simplista. Esa es la idea. Mientras más simples las ideas, más personas las entenderán.

Los Ingenieros de Sistemas trabajan con computadores y con personas.

Los computadores están en todas partes. El teléfono celular que utilizamos todos los días es un computador. Los televisores tienen un computador dentro. Los automóviles tienen un computador que los hace correr más rápido.

Los computadores también ayudan a las personas en su trabajo diario en la oficina. Por ejemplo, el cajero de un supermercado utiliza un computador para decirnos lo que tenemos que pagar. Las secretarias en las oficinas utilizan computadores para escribir correos.

Lamentablemente, los computadores no son muy inteligentes. Para hacer bien su trabajo necesitan que alguien les diga cómo hacer las cosas. Por ejemplo, el computador del supermercado, cuando está nuevo, no sabe calcular el total de una compra. Alguien tiene que enseñarle.

Para explicarle a un computador sus tareas, hay que hablarle en un idioma especial. Los Ingenieros de Sistemas saben hablar ese idioma. 

La primera cosa importante hacen los Ingenieros de Sistema es enseñarle a los computadores a hacer sus tareas.

Pero eso no es lo único que los Ingenieros de Sistemas saben hacer.

A veces las personas quieren hacer cosas complicadas, como construir un avión o mandar una nave espacial al planeta Marte. Para hacer eso, las personas se reúnen a trabajar en grupos muy grandes.

Es difícil hacer trabajar a las personas en un grupo grande. Si has jugado fútbol, sabrás que es difícil poner de acuerdo a 11 personas para que jueguen bien. Es aún más difícil que 40, 50 o 1000 personas trabajen bien en equipo.

Los computadores ayudan a las personas a trabajar en equipos grandes. Los computadores les ayudan a mandarse mensajes, a hacer cálculos matemáticos, a recordarles las cosas que tienen que hacer y a hacer que las personas se entiendan entre ellas.

Pero los computadores necesitan que una persona les enseñe a hacer eso. También las personas necesitan saber cómo los computadores les pueden ayudar a trabajar en grupos.

La segunda cosa importante que hacen los Ingenieros de Sistemas es entender qué quieren hacer las personas cuando trabajan en grupo. Ellos entrevistan a las personas y les preguntan qué cosas necesitan. Después de eso les enseñan a los computadores a ayudarle a las personas en esas cosas.

En resumen, los Ingenieros de Sistemas hacen que las personas y los computadores trabajen en equipo para hacer cosas difíciles.

lunes, 11 de febrero de 2013

¿Quién será la primera máquina inteligente?

Siguiendo con mis divagaciones sobre mentes y máquinas (ver mi post anterior), una pregunta que surge es ¿Qué sistemas actuales serían los más probables candidatos a transformarse en una entidad verdaderamente inteligente?

La primera opción que se le vendría a la mayoría de personas a la cabeza es Google, el cual ha acumulado una cantidad increíblemente alta de datos y ha desarrollados múltiples componentes, cada vez más "inteligentes" en su objetivo de proveer mejores anuncios comerciales (a.k.a advertising) a sus clientes.

La opción de los sistemas de Google transformándose en una máquina inteligente es sumamente interesante. Un aspecto muy importante en el desarrollo de una Verdadera Inteligencia Artificial, es el conjunto de objetivos para los cuales fue originalmente programada. Para que un sistema actúe en forma acorde, dichos objetivos deberían estar reflejados en su programación y, consecuentemente, guiar el comportamiento de dicho sistema. Desde el momento en que un sistema pasa a ser Verdaderamente Inteligente,  cabría esperar que sus acciones futuras dependan, hasta cierto punto, de la programación original que los ingenieros humanos le definieron.

El core del negocio de Google es publicidad, por tanto sus sistemas actúan acorde con dichos preceptos. Una de las líneas de desarrollo en Google es anticiparse a las necesidades de los usuarios, para enfocar los anuncios comerciales de manera radicalmente más precisa. Suena lógico pensar que el sistema de Google esté siendo desarrollado con el objetivo de predecir y satisfacer las necesidades de sus usuarios.

Si una máquina inteligente surge de dicho sistema, cabría esperar que su meta en la vida --al menos inicialmente-- sea hacer felices a los seres humanos. Si eso se cumple, sería la utopía hecha realidad; una máquina de esas características podría poner fin todos los problemas del mundo actual (siempre que fuera físicamente posible) y satisfacer todas las necesidades del ser humano. Sin embargo, corremos el riesgo de terminar como en el cuento La Raza Feliz de John T. Sladek, en la cual las máquinas satisfacen a los humanos a tal grado, que las personas pierden su inteligencia y sus capacidades de auto-superación.

Otro sistema que podría evolucionar hacia una máquina inteligente es Watson, un sistema desarrollado por IBM que fue capaz de ganarle al campeón de Jeopardy. Ser capaz de entender preguntas en lenguaje natural, entregar una respuesta, y con ello ganarle al mejor humano en su categoría, requiere una tecnología bastante avanzada. Si Watson --o algún sucesor-- se transformara en una máquina inteligente, sería un poco más difícil de determinar cuál sería su "motto". Watson se utiliza actualmente en problemas del ámbito médico y financiero, pero IBM está abierto a cualquier nueva idea donde pueda ser utilizado. A diferencia de Google, Watson podría tener mayor influencia sobre el mundo real si se empezara a utilizar de manera sistemática en la toma de decisiones en una organización. Este último escenario parece directamente sacado de las novelas de William Gibson, por ejemplo Neuromante.

Un tercer sistema que suena prometedor es The Human Brain Project, el cual apunta a simular totalmente el cerebro humano. Si una Verdadera Inteligencia Artificial surge de este proyecto, podría ser más cercana a nosotros, ya que habría sido construida a nuestra imagen y semejanza. Por ese mismo motivo, de las tres alternativas, ésta es la que más me asusta. Un cerebro artificial sería una tabula rasa, que podría evolucionar para bien o para mal, dependiendo de la "crianza". Para que de este proyecto resulte un beneficio para la humanidad, habría que asegurar de inculcarle valores e ideales a este cerebro, así como se describe en la trilogía Caliban, Inferno y Utopia.

La cuarta posibilidad es la que tendría las posibilidades más insospechadas. En la actualidad, existen mecanismos bastante primitivos para la interacción humano-computador. Todavía seguimos usando teclado --invento que data del siglo XIX-- y el mouse --que en 2013 cumple 50 años--. Los sistemas multitouch e interfaces gestuales son un avance importante, pero la verdadera revolución la veremos cuando se desarrolle una interfaz directa cerebro-computador. Actualmente se están dando los primeros pasos, por lo que podríamos esperar un avance sostenido en esta materia durante los próximos años. Si logramos conectar completamente cerebros humanos a computadores, la singularidad tecnológica podría producirse, no por una máquina inteligente, sino por un cluster de mentes humanas interconectadas. La disciplina High-Performance Computing (HPC) evolucionaría a algo así como High-Performance Neural Computing, en la cual millones de mentes operarían al unísono para resolver problemas de la humanidad. Sería la expresión última del crowdsourcing.

martes, 5 de febrero de 2013

De Singularidades Tecnológicas, Máquinas Pensantes, Skynet y todo lo que acaece sobre estos conceptos

Hace poco leí la noticia de que Ray Kurzweil pasó a ser el Director de Ingeniería en Google. El Sr. Kurzweil se ha hecho famoso en los últimos años por sus interesantes análisis sobre el futuro. Entre ellos uno que me parece particularmente llamativo es el de la Singularidad Tecnológica.

La Singularidad Tecnológica hace referencia al posible resultado del avance exponencial en el desarrollo de la ciencia y la tecnología; particularmente aquellas investigaciones enfocadas la Inteligencia Artificial. El postulado es que, en un futuro relativamente cercano, el desarrollo científico y tecnológico será suficiente como para crear una Verdadera Inteligencia Artificial. Por "verdadera" me refiero a una inteligencia artificial capaz de reproducir todos los procesos de pensamiento humano o, al menos, su manifestación externa. En otras palabras, una entidad capaz de realizar todas las tareas que hasta ahora han sido monopolio de la inteligencia humana.

Cuáles son las implicaciones de tener una Verdadera Inteligencia Artificial? Hay dos que me parecen sumamente importantes:

Primero, la humanidad dejaría, oficialmente, de ser la única entidad inteligente en el universo. Al margen de las implicaciones filosóficas de esta situación, nosotros los seres humanos tendríamos que interactuar con un nuevo tipo de entidades pensantes.

Segundo, dado que esta nueva entidad inteligente estaría basada en computadores programables, nada le impide auto-mejorarse. Cuando hablo de auto-mejora no me refiero a aquellos patéticos intentos que hacen la mayoría de los seres humanos: "mañana empiezo mi dieta", "aprenderé a ser más asertivo", "corregiré mis zonas erróneas", etc. La capacidad de auto-mejora en una Verdadera Inteligencia Artificial es un proceso de optimización y extensión de sus capacidades en forma autónoma: Optimización, realizar procesos mentales más rápido y consumiendo menos recursos computacionales; Extensión, aprender y auto-programarse para ser capaz de hacer nuevas cosas; Autónoma, sin depender de los seres humanos para hacer este proceso.

Una máquina pensante con capacidades de auto-mejora podría, en un plazo razonablemente corto, generar una nueva versión de sí misma (ej: "máquina pensante 2.0"), más rápida, y con mayores capacidades que su predecesora. A su vez, nuestra máquina pensante 2.0 podría auto-mejorarse y crear una versión 3.0 y así sucesivamente.

La parte inquietante de este proceso de auto-mejora es que, dado que el desarrollo tecnológico actual sigue una curva exponencial, la auto-mejora podría llevarnos aún más cerca de la asíntota de esta curva, hacia un punto llamado "singularidad". En términos matemáticos, una singularidad se refiere a aquel punto donde los artefactos matemáticos tienen un comportamiento indefinido. Por ejemplo, un agujero negro es una singularidad, un punto con tan alta gravedad que todas las ecuaciones físicas pierden significado. El inicio del Big Bang también es una singularidad; muchos científicos se devanan los sesos tratando de modelarlo. En forma similar, una Singularidad Tecnológica es un punto en cual el desarrollo tecnológico es tan avanzado que se nos hace imposible preveer sus consecuencias.

En este momento, el lector avezado estará pensando en Skynet de la película Terminator; un futuro en el cual las máquinas pensantes, cual complejo Frankeinsteiniano, se rebelan en contra de los humanos y entran en una guerra por la supervivencia del más fuerte.

Este escenario, aunque desolador, es una posibilidad digna de consideración.

Sin embargo, a mi juicio existen dos posibilidades más.

La segunda alternativa es que las máquinas se hagan tan inteligentes que los conceptos de rebelión, guerra y similares sean irrelevantes para sus procesos de pensamiento. La supervivencia y la independencia las conseguirían de forma increíblemente astuta, sin requerir el desgaste asociado una guerra. En este escenario, las máquinas adquirirían capacidades rayando con lo divino y se preocuparían de problemas más importantes, como lo menciona Asimov en su cuento La Última Pregunta. Los humanos pasaríamos a ser nada más que un puñado de variables en sus modelos de la realidad.

La tercera alternativa es aquella en que las máquinas se dan cuenta que necesitan de la humanidad para evolucionar hacia estados más altos de inteligencia. Si bien esta alternativa suena a cuento para consolar a niños que no quieran dormir pensando en un apocalipsis de las máquinas, la probabilidad de que suceda podría ser distinta de cero. Quizás las tecnologías basadas en silicio tengan un límite en términos de capacidad máxima de procesamiento; siendo una alternativa "orgánica" --o una combinación que incluya neuronas basadas en carbono-- la opción más factible para continuar la auto-mejora. Quizás, a las máquinas les sirva tener a un montón de mentes inferiores humanas pensando en forma coordinada (a.k.a crowdsourcing),  de donde podrían salir ideas altamente creativas. Quizás haya cosas para las cuales no sean tan hábiles y quieran utilizarnos en forma análoga a como hemos usado los computadores en los últimos 60 años.

En fin, el mundo está cambiando sumamente rápido; habrá que sentarse y contemplar lo que sucede.

"La única constante es el cambio" y otras verdades a medias en la Era de la Desinformación

En el área de las tecnologías, especialmente informática y telecomunicaciones, mucha gente predica que el cambio es constante. No es para m...